El camino a las especias
Rucena Rodríguez
Cristóbal Colón dijo a la reina Isabel de España y Fernando de Castilla y Aragón que, si iban por occidente a la India, tendrían menos problemas y seguramente menos piratas. ¿Qué problemas?, ¿Qué piratas? Se sabe que en Europa estaban locos por las especias como el clavo de olor y la canela. Pero en el recorrido por oriente, de camino a la India tenían alguno que otro enemigo y unos cuantos piratas.
¿Y de donde salieron esos enemigos? Empecemos
por los romanos. En el año 330 el imperio romano conquistó tierras turcas (aunque ellos mismos
no se decían turcos, se llamaban otomanos y a los otomanos los españoles les decían moros, ¡Qué confusión!). Los romanos invadieron las tierras de los otomanos y les impusieron su cultura,
sus leyes y sus creencias en un bonito lugar que llamaron Constantinopla y la convirtieron en su capital. Se quedaron por muchos, muchos siglos.
Pero, de repente, un martes de fecha 29 de mayo de 1453, los turcos, terminaron de recuperar Constantinopla. Ni siquiera
busques el imperio otomano en Google maps porque no lo vas a encontrar, ahora
se llama Turquía y Constantinopla se llama Estambul.
Y, ¿qué tiene que ver todo esto con Cristóbal Colón? Pues, que los moros no solo recuperaron su tierras sino que conquistaron parte de la península española por otros buenos siglos, sin embargo, el 2 de enero de 1492 la
reina Isabel expulsó a los moros de su territorio, por lo que estaba
muy contenta, los que no estaban muy contentos eran los barcos que traían las
especias de la India ya que tenían que pasar por África y Turquía y ya se sabe
que los africanos tampoco estaban felices con los españoles por que los tenía como
esclavos y los turcos estaban demasiado enojados por que los habían sacado de
España.
Entonces
Cristóbal Colón les dijo a los reyes de España que él pensaba que podían llegar
a la India, ya no por el oriente sino por el occidente. Suponía que podía encontrar
la forma de llegar por el otro lado sin tener que ver a los enojados africanos
ni turcos. Los reyes habrán pensado: -Bueno, si este marinero quiere ir, ¡pues
que vaya!, total, si encuentra algo será bueno para nosotros-. Claro, sabían que
la travesía podía costar la vida de Colón y casi ocurre, justamente, de esa manera.
Se fueron Colón y sus barcos con dirección a la India por el occidente el 3 de agosto de 1492, bueno, según ellos camino a la India. Durante
la travesía, cada día el barco avanzaba como cuarenta leguas, Colón pensaba que
a las 800 leguas ya estarían en la India, pero el 6 de octubre estaba
preocupado, porque según sus cálculos ¡Ya deberían estar en la India!, ¡¿Dónde
estaba la India?! ¡¿Dondeeeee?!
Los
marineros se amotinaron y le dijeron que si no encontraban tierra en tres o
cuatro días lo tirarían al mar y volverían a sus casas sin él. Es que ya no había qué comer y
algunos estaban empezando a enfermarse y uno que otro extrañaba a su mamá.
Colón tuvo muchísima suerte, pues el 11 de octubre de 1492, su marinero Rodrigo de Triana gritó ¡tierra, tierra! Cristóbal Colón contó el alboroto que armaron los marineros: Bailaban, cantaban, gritaban, se arrodillaban dando gracias y lloraban, otros se abrazaban, algunos le besaban la mano a Colón.
Por
fin llegaron en la madrugada a pisar tierra en Guanahani, y como Colón sabía que
esa tierra lo había salvado de que sus marineros lo conviertan en puré, la llamó San Salvador. Todos estaban felices, contentos, pero ¿por fin encontraron el camino a las especias? Pues no, pero encontraron el
camino a algo mejor: la papa, el maíz y el chocolate.

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